La modernidad llegó a las rías gallegas de Vigo, Pontevedra, Muros-Noia, Arousa y Corcubión como un elefante en una cacharrería. Tanto que se acuñó un término para definir los desmanes urbanísticos y arquitectónicos: el feísmo. Pero a pesar de las fachadas alicatadas hasta el techo, del uso de materiales no convencionales y de que cada uno ha construido como le ha venido en gana, quedan rincones, aldeas, pueblos e incluso localidades más grandes con todo el encanto de aquellas antiguas villas marineras hechas de granito de Porriño. Aquí van seis de ellas.