Quienes se quedan en agosto lo saben. Sin colas, sin ruido, sin prisas, la ciudad baja el volumen, pero no se apaga. Es ahora cuando aparecen los planes tranquilos, los espacios con sombra, las terrazas sin reserva previa y los bocatas que saben a premio. Agosto en Madrid tiene algo de secreto compartido: no hay mar, pero hay treguas.
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Planes para un Madrid que no cierra por vacaciones: de una azotea con vistas reales a un cine escondido